martes, 15 de marzo de 2011

Nº 38: EN EL AMAZONAS. 4ª PARTE:




12-3-2011


A media noche me despierta Fernando desde la otra hamaca, “Juan, oyes?” “Si, un montón de bichos” “No, no, al mono, está aquí al lado, debe haber olido nuestra comida”. Y por primera vez ya pude distinguir un sonido hecho por un animal. La verdad es que el ruido que emiten los monos es muy peculiar, pero claro cada raza tiene su sonido, y de momento ya es bastante con saber que ese ruido, entre otros cientos en la noche, es un mono…
A las 6 de la mañana ya estaba dando vueltas en la hamaca, soñando con los zancudos… cuando un monton de aullidos, como si de un lobo se tratara nos despierta. “Juan, son los monos aulladores, vamos?” me dice Fernando de nuevo desde su hamaca, “vamos, vamos!!!”.
Nos ponemos las catiuscas, dos kilos de repelente en la piel y sobre la ropa (en mi caso esa cantidad, en el caso de Fernando vale con una especie de toallita de repelente que le habrán dado de muestra en algún lado… vaya tela!) y nos vamos para adentro.



De vez en cuando oímos el increíble aullido de los monos aulladores, parece que no estamos lejos de ellos. Lo primero que nos encontramos es que hay que atravesar una zona inundada. “Te quieres mojar?”. Que se le va hacer, habrá que meterse hasta la cintura de agua o barro o lo que sea que estamos pisando… yo con tal de no mojar las cámaras y no pisar una pitón o una boa, me da igual.
Atravesamos la zona inundada pero nos alejamos de donde están los monos. Fernando me comenta que los machos hacen los aullidos para distraer a los enemigos y mientras no lejos de alli, las hembras y las crías comen en otros árboles. Es una pena, pero llegamos tarde y no les vemos, solo les oimos. Lo mejor de la mañana es que nos encontramos a un enorme oso hormiguero que está andando a sus anchas en una de las ramas de un gigante ficus. Qué bueno! Por fin veo al oso en persona. (a que te recuerda eso, pello?)
A la vuelta, desayunamos, quitamos las hamacas y cargamos el bote, nos vamos para el campamento principal, el del primer día. Hoy me ha tocado desayunar como cada día plátano frito (que me encanta) y también como cada día una especie de pan, que amasan ellos cada día, con mermelada y mantequilla (un lujo, la verdad) y para beber, el café con leche que tan poco me gusta en casa, aquí me sabe delicioso, excepto hoy, que habíamos dejado la leche que venía un bote pequeño al aire libre y debía estar llena de hormigas y cada vez que removía la taza salían a flote un monton de hormigas.



Después del quinto intento y ver que seguían saliendo… “bueno, pues hoy veo no me apetece café con leche” Y dice Fernando: “Rodolfo quieres el café con hormigas? Seguro que si, porque aquí estamos acostumbrados a comerlas” y le supo a gloria mi café a Rodolfo… que se le va hacer a veces yo también me pongo “quitismitis”.
A la vuelta en el bote volvimos a ver a nuestros amigos los delfines rosados, que graciosos son.
Navegamos de nuevo por los pequeños afluentes del Amazonas que habíamos remontado río arriba estos días, pero ahora a favor de corriente. Hasta que llegamos al Amazonas y de nuevo me maravillo con sus tamaño, es enorme!!!
Pasamos por varios de los pueblos de pescadores que viven por esta zona. Pasamos por delante del pueblo de Rodolfo, “Mariscal Castilla”, un pueblo de no más de 10 casas a orillas del Amazonas y sin electricidad. Qué curioso me resulta ver manejar a Rodolfo el bote con esa soltura, y lo mejor es que lleva unas fotos de su novia y de su suegra pegadas en el motor del bote… buenísimo!!! Con solo 14 años...
Me despido de todos los animales que hemos visto estos días y que parece que ellos también salen a despedirnos. Es increíble la vida que tiene el río, hacia donde mires siempre hay algún bicho moviéndose… o un Martín pescador lanzándose en picado hacia el rio a por su presa, buitres dando vueltas en el cielo, un grupo de monos cruzando de árbol en árbol, o un roedor de más de 30 kg cruzando todo el ancho del río a una velocidad que ya quisiera Michael Phelps. Fernando me comenta que qué pena, que si hubiéramos llegado a pillar al roedor (del tamaño de un cerdo) le hubiera dado “machetazo”, porque su carne es exquisita…
Llegamos al campamento y de nuevo soy yo el único “guiri” (bueno, aquí nos llaman “gringos”) me dan el almuerzo y me tiro un poco en la cama de mi choza a relajarme un poco porque la verdad es que estoy "cansadete". Me miro en el espejo y veo la cara hinchada que tengo por los picotazos de los zancudos…



Al poco nos vamos a hacer la última caminata al atardecer, navegación nocturna y de nuevo caminata nocturna, 3 en 1. Vamos en busca de caimanes y boas, pero tampoco tenemos suerte. A la noche nos adentramos en una pequeña y bonita laguna que hay no muy lejos del campamento y estamos allí hasta que cae la noche completamente. La verdad es que uno ya se acostumbra, pero ahora que me acuerdo del sitio donde estábamos, de la minúscula canoa que estábamos usando Fernando y yo, y de los dos iluminando cada uno con su linterna las orillas de la laguna y los árboles que salían del agua, buscando caimanes y boas… y vaya tela! “No te muevas mucho Fernando por favor, que como nos vayamos al agua”…
De nuevo tuvimos suerte y la luna nos acompañó todo el rato y la verdad es que de nuevo el sitio fue idílico. Lo malo es que aunque quede muy bonito y se pueda ver muy bien con la luna casi llena, los animales nocturnos con tanta claridad (había hasta sombra de la luz que emitía la luna) no se dejan ver con facilidad porque te reconocen muy fácilmente. A la vuelta al campamento pudimos ver las típicas tarántulas (en este caso una peluda y azulada que atacó el machete de Fernando cuando éste quería hacerla moverse) la cucaracha más grande del mundo y un montón de ranas y ranitas de colores cerca del lago (Pensé en llevarte una pequeña y amarilla que vi, Tati, pero yo creo que aunque en tu acuario estaría genial, como me la llevo? Y además mejor dejarlas aquí, con sus amigos, no?) Ah! Y como olvidarme, la primera piraña que veo en libertad en mi vida, menuda cara de mala leche… y que dientes...



Y así fue como pasé mi primera experiencia en la selva del Amazonas. Hay sitios que estoy recorriendo en este viaje que estoy seguro que volveré algún día, y uno de ellos será el Amazonas SIN DUDA, ha sido espectacular. (Estaria genial atravesar en barco por el Amazonas desde Pucallpa hasta Belem, en Brasil, y parar en varios sitios para hacer actividades... algun dia vendre acompañado, seguro)
Al día siguiente le pedí a Fernando si podíamos ir a Iquitos pronto para ver la ciudad y visitar a la tribu de los “Boras”, que aunque es un poco “Show” merece la pena según había oído.




Como a las 3 de la tarde tenía mi vuelo de vuelta a Lima, a las 4 de la madrugada estábamos saliendo del campamento dirección Nauta en bote y después Iquitos en taxi compartido (igual que habíamos venido) lo mejor que me podía pasar… disfrutar del amanecer en medio del enorme y precioso río Amazonas y disfrutar de las últimas fotos que mi cámara réflex me permitirá hacer en este viaje…




Ya en Iquitos, Fernando se quiere venir conmigo a la tribu de los “Boras”,QUE MAJETE!!!. Alquilo un bote para que nos lleve y compro una Inca-Kola de un litro y medio para celebrar con Fernando nuestra nueva amistad. Nos la tomamos en el bote según vamos a ver a esta curiosa tribu que actualmente vive del turismo, pero que antaño tuvo que exiliarse del interior del Amazonas por culpa de los jibaros. Parece ser que éstos eran un poco cabroncetes y se comían a los Boras de par en par…




PD: A mi vuelta en Lima, Víctor, el padre de Sara, la pareja de mi amiguete Miki, y su hermano, Martín, me estaban esperando en el aeropuerto para llevarme a la estación terrestre de lima… de verdad que gusto conocerles!!! Que gente más amable y encantadora. Estoy deseando verles en España. Y encima Víctor (que es una persona entrañable de verdad) me da un regalo que me manda Elsa, su mujer, que no ha podido venir a despedirse de mi… muchísimas gracias!!!
(fin del relato)


3 comentarios:

  1. ¿Fin del relato? Cómo es eso.

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  2. Na..., Lalo no te preocupes que seguro que tiene más!
    Ahora pensándolo fríamente, me alegro de que no tuvieras encuentros con caimanes!! Y que rabia lo de la cámara... nos tendremos que conformar con las fotos de la compacta!

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  3. - Lalo, todo llega a su fin. Pero al blog todavía le quedan algunas entradas mas...
    - Estefiiiiiii!!!! Yo tambien pienso lo mismo, vaya tela, como para encontrarse con los caimames en medio de la nada... aun asi me hubiera encantado verlos.
    Es una pena lo de la reflex. De vez en cuando resucita... pero na.
    1 besazo.

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